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miércoles, 28 de enero de 2009

Más advertencias del bibliotecario

Sepan, señorías, que ciertos resabios dan a hombre malquerer con naturaleza, aborrecimiento con uno propio y rencor malo, y harto cansancio. Será por tal que este seguro servidor evitará tacha, menoscabo y deterioro, y hará disciplina para saberse a cubierto, que siempre es de varón sabido evitar lo peor y no querer ser gallo en corral impropio. De otra manera, señorías, siempre le llega a uno la mano que lo maja, y aún el guiso que le espera. Por eso, y con permiso, encontrarán en este escribidor la palabra justa y no el corro del deslenguado, que larga con franqueza de falso su propia deslealtad. Será por ello que, en viéndome forzado a dar noticia de asunto, como tengo dicho, de suyo extravagante y, algo me temo, que loco e imposible, sucedido no hace tanto en esta tierra cathalana, he de preferir la caridad del que se retira con el morrillo entero a la torpeza del que, queriendo entender más de lo que es capaz, acaba por llevarse morrazo y medio, y aún capón del bueno, que es mal regalo para jueves. Echen, pues, en alforja que, en diciendo, soy como el que ve y no opina, ni juzga, mero cuentista. Vayan haciendo boca, que en breve les doy más, y hasta entonces, tengan buena noche y mejor desayuno, que no hay como pan tierno para el que conserva el diente delicado. (continuará)

martes, 13 de enero de 2009

A modo de resuelta presentación

A modo de resuelta presentación

Señorías, ya comprendo que, a poco que se mire, defenderían la facilidad que da el conocer, y más al autor de estas rayas. Mas, ruego disculpen el trato, que en no intimando, prefiero ser cauto y no desafiar política ni hurtar mesura. Tengan por cierto que las premuras a las que me veo sometido no dejan sitio para mayores presentaciones.

Sepan, al menos, que de momento me llamo Joan Gabriel Llovet, y que quiero antepongan el don a la familiaridad que da la llaneza, y no sólo por la distancia —cuando esto escribo, acaban los primeros días de 1715—, sino también por el mérito, pues han de entender que soy desde hace muchos años bibliotecario de la Seu de Barcelona, la Cathedral, y que, si rompo mi silencio y mi oscuridad, es porque hallo que acaso sus señorías quieran detenerse unos minutos a leer cierta extravagante historia, no carente de alocado secreto, pues se trata de suceso poco ordinario, traído aquí, como digo, por mano inexperta, la mía, pero contumaz.

Percibo que guardan, en este momento, alguna aprensión. No es para menos, sin embargo, quiebren reservas, dejen en suspenso templanzas y vénganse a mi compañía. No se arrepentirán. No obstante, ya les digo que aquéllos que sientan inseguridad o agitación, harán bien en buscar otros derroteros desde este momento, ¿para qué herirse o perjudicarse?

Resuelta la entradilla, y advertida la advertencia, los que sí gustaren del aire frío y del conocimiento que da lo incógnito, acérquense a estrado, pónganse a bien con Dios y anden callados, que empiezo a deshacer la madeja.

(continuará)